lunes, 8 de noviembre de 2010

Creció en el compromiso de una raza vigente
con el cielo en los lagos todo el viento en la voz.
Con una fe de siempre nutriendo primaveras
y un paisaje de tiempo que lo llenó de amor.


Se bautizó en la gloria del agua cantarina
venido de la nieve divino manantial;
y en la pehuenia madre nació su flor extraña
que al soñar lejanías echó la vida a andar.


Es compromiso
que lo diga la Patria
porque humilde y mestizo
sigue siendo raíz.

Del árbol esperanza
Maná cordillerano

Que madura en Nguilleu
El fruto más feliz.
Y su tahiel mapuche
Hoy es canto al país

Neuquén, país, país.


El porqué de su idea entró a mirar distancias
Y descubrió otra aurora de pie sobre el Lanín;
Y vió por vez primera la piel de hombres distintos
Y sin perder su estirpe fundió una nueva piel.


Un presagio de machis le corre por la sangre,
Multiplicando panes igual que Nguenechén
Su vocación de pueblo palpita en los torrentes
Y estalla en soles lejos con otro amanecer.